¿Es el agotamiento el precio del éxito?
Durante años, muchas organizaciones normalizaron una idea peligrosa: Que el agotamiento era señal de compromiso, que vivir bajo presión era “parte del juego” y que la felicidad organizacional era poco más que un beneficio cosmético o una moda de recursos humanos Y quizás esa idea se nos instaló de tal manera que durante un tiempo hicimos que funcionara. O que pareciera funcionar.
BIENESTAR, APRENDIZAJE Y FELICIDAD ORGANIZACIONAL
Eduardo Römmel
5/12/20263 min read


Durante años, muchas organizaciones normalizaron una idea peligrosa:
Que el agotamiento era señal de compromiso, que vivir bajo presión era “parte del juego” y que la felicidad organizacional era poco más que un beneficio cosmético o una moda de recursos humanos
Y quizás esa idea se nos instaló de tal manera que durante un tiempo hicimos que funcionara. O que pareciera funcionar.
A ver: los resultados seguían llegando, los proyectos avanzando y los equipos cumpliendo. Pero de repente y sin darnos cuenta, algo empezó a quebrarse por debajo de esa transparencia que asumíamos "normal".
La gente empezó a desconectarse de lo que hacían. Los líderes, qué decir de los pobres, emocionalmente agotados. ¿Y los equipos? Operando desde la supervivencia a duras penas.
Terrible. Y entonces apareció Byung-Chul Han a darle nombre al fenómeno: la sociedad del cansancio.
Un mundo donde ya no necesitamos que alguien nos explote porque aprendimos a explotarnos solos.
El problema no es solo el estrés.
Toda organización vive tensión, eso es normal.
El problema aparece cuando el sistema completo empieza a operar desde el desgaste y es allí donde comienzan a cambiar las reglas del juego.
Porque en una persona cansada, todo funciona peor: su aprendizaje, su escucha, sus decisiones; y entonces, como consecuencia, colabora menos, innova menos y se adapta con mucha más dificultad
En simple: el agotamiento no solo afecta el bienestar sino que impacta directamente en la capacidad de transformación de la organización.
Bienestar no es comodidad.
Lo he escuchado tantas veces, como si el bienestar fuera una moda vestida de comodidad implícita. Pero aquí hay otra confusión importante.
Hablar de bienestar organizacional no significa evitar la exigencia ni convertir la empresa en un spa emocional (vale, que si lo deciden está perfecto).
El bienestar organizacional tampoco va de bajar estándares; de hecho, las organizaciones más saludables suelen ser altamente exigentes.
Pero con un pequeñito detalle: ese nivel de exigencia no destruye a las personas para que se logren los resultados, porque las empresas centradas en el bienestar organizacional entendieron que el desafío se enfrenta en presencia de sentido, coherencia y capacidad adaptativa.
Dónde entra el aprendizaje.
Este es el quid de la cuestión; el punto donde bienestar y aprendizaje se conectan profundamente.
Porque tienes que entender que una organización agotada deja de aprender, y cuando eso sucede ¡bum! empieza a volverse rígida más rápido de lo que crees.
Defensiva. Lenta. Frágil.
Y es justo por eso las organizaciones verdaderamente ágiles gestionan desempeño pero, sobre todo, gestionan capacidad de aprendizaje continuo.
¿Y cómo lo hacen? Fácil: Crean espacios donde cuestionar no sea castigado, equivocarse no sea una condena, aprender no sea un evento aislado y evolucionar no dependa del miedo. Repito: Fácil.
La felicidad organizacional que nadie explica bien.
Hablemos claro: La felicidad organizacional no es poner música en la oficina, tener un carrito de fruta gratis, una maquinita expendedora de café ilimitado u ofrecer un “día de mindfulness” mientras el sistema sigue drenando a las personas.
Insisto: No estoy en contra de esas prácticas. Las predico. Las impulso (especialmente la de la maquinita de café ilimitado).
Pero la verdad es que la felicidad organizacional real ocurre cuando las personas sienten que lo que hacen tiene sentido y no necesitan dejar su salud mental para sostener su trabajo.
Y cuando eso pasa, sucede la magia: tu gente deja de operar desde la obligación para actuar desde la apropiación.
Y eso, queridos míos, es invaluable cuando sucede. Que no tiene precio, pues.
Donde todo converge.
Aquí voy llegando al meollo del asunto: que el bienestar, aprendizaje y felicidad dejen de ser temas mal llamado “blandos” para convertirse en temas estratégicos.
Porque, a riesgo de sonar repetido, en un entorno de cambio permanente las organizaciones que mejor aprenden, se adaptan mejor, evolucionan más rápido y logran hacerlo sin destruir a sus personas, esas son las que realmente perduran.
Y perduran por actuar inteligentemente.
Vaya, que no lo digo yo sino el mismísimo Peter Senge:
"Descubrir cómo aprovechar el entusiasmo y la capacidad de creación de la gente es característico de las organizaciones inteligentes".
Por eso en HUMANOIA no vemos bienestar como un beneficio adicional sino como una capacidad organizacional crítica que es parte del sistema, de la cultura y de la transformación.
Así que cierro este artículo con una de las preguntas más importantes que una organización puede hacerse hoy:
